La
posmodernidad es una continuidad de algunos aspectos del pensamiento moderno e
ilustrado, pero esencialmente rompe con muchos de sus planteamientos, ya que en
la modernidad no se pudieron alcanzar los ideales buscados de orden y progreso.
La
posmodernidad responde a algunas continuidades con la modernidad, pero
recrudece en esencia la compresión espacio-tiempo. Los medios de comunicación
como tecnologías, contribuyen directamente en este proceso de compresión
espacio-temporal: nos acercan a gran velocidad con gente en lugares remotos,
posibilitando la comunicación instantánea. Los medios son entidades vividas en
nuestros mundos cotidianos, que aceleran nuestros procesos de acercamiento
humano. Se nombra a la posmodernidad como efímera y superficial, en donde prevalece la estética fugaz sobre la
ética. Bajo estas características, es posible entender los medios bajo la
mirada de la posmodernidad, ya que los medios crean y difunden una multiplicidad
de historias y narrativas, que son seleccionadas y construidas como reales.
Refuerzan la conformación de identidades basadas en la superficialidad que
propician los estereotipos y el consumo.
Para García
Canclini, los procesos de
apropiación y usos de los productos simbólico-culturales están mediados más por
el valor simbólico que por los valores de uso y de cambio. Este modelo permite
ver la complejidad y las paradojas insertas en los medios de comunicación en la
posmodernidad: las identidades contemporáneas son flexibles y diversas ante los
productos mediáticos, que manifiestan esta diversidad, fragmentación,
simulacros, la estética y lo efímero.